Estudio Hécate
Hombre Lobo El Apocalipsis

El oponente del miedo

viernes, 01 junio 2012 16:00

La maldita lluvia se mantenía constante en cielo, ahogando mi esperanza aun más, disolviendo mis sueños y diluyendo mis pensamientos bajo sus filamentos acuosos que chocaban en cada parte de mi ser. Pero a la vez limpiaba mi mente de las ideas podridas de mis largas victorias y amargos fracasos. Y eso me permitía pensar en otras cosas, más allá de la cortina de gritos que emergían de las oscuras calle de Vancouver (¿serían aquellos chillidos de terror la maldición de la oscuridad?).

Me permitía pensar en monumentales filosofías, enigmas que perduran aun en estos tiempos, y que ni los más grandes pensadores han podido descifrar. Cosas que parecen insignificantes parecen cobrar una nueva dimensión cuando intentamos ahondar en el origen de esa "cosa". Desgraciadamente, cuanto más se piensa en ello, más se llega a la conclusión de que no existe solución, tan sólo las que inventemos nosotros. Pero nada impide buscar la mejor invención... ¿no?.

A veces me gusta hablar con otros sobre estos enigmas, por eso hoy paseo por estas calles, en busca de un amigo de mi misma tribu, los Contemplaestrellas. He tenido pocas conversaciones con él, pero algunas han resultado memorables. Le llamaban Lamento-al-cielo, era un danzante de la luna. Sin embargo sus padres "reales" le bautizaron como Nicolás Bridges. Lamento era un Garou curioso, alguien que se interesaba por los detalles. A veces era capaz de sacar de quicio a cualquiera con sus extraños pensamientos, sobre todo cuando te analizaba psicológicamente. Pero era un tipo agradable después de todo, que en general pasaba de casi todo, no se inmiscuía en ningún asunto que no le tocara personalmente. Por eso estaba fuera de prejuicios. Prejuicios contra mi persona, por ejemplo.

Me introduje por la calle que había a mi izquierda. Era una calle estrecha, llena de mugre negra, de papeles y cartones. La lluvia arrastraba tras de sí ese líquido aceitoso, entre los surcos de la acera, desembocando como un río, en el asfalto, que no era más que un caudal de pena negro. El portal que en esta callejuela encontré, daría acceso al hogar de mi excéntrico amigo, uno de los pocos Contemplaestrellas de la Columbia. Desde dentro del portal, la lluvia formaba eco con las descascarilladas paredes. Subí un piso por las escaleras, y encontré un foco de luz que se escapaba del entre abierto de una puerta que había a mi derecha nada más alcanzar los últimos escalones. Era una luz que olía, una luz que tintineaba, una luz cálida. Abrí lentamente aquella puerta, que chillaba del óxido que le había producido la excesiva humedad, que era palpable en el ambiente. Dije tímidamente "Hola". Al otro lado del pasillo había una habitación, iluminada por la ardorosa cera de la velas. Estaban dispuesta en lugares estratégicos, formando unas sombras en movimiento que parecían de otro mundo. De hecho notaba el otro mundo cerca de allí, como si hubiese caminado de lado sin haberlo querido. La periferia era evidente en este sancta. Di unos pasos introduciéndome en el interior, observando cada esquina de aquél salón. No vi a nadie, sólo otras puertas. Sin embargo podía oler la presencia de Lamento. Siempre fui muy perceptivo, pero no empecé a usar mi olfato como un auténtico instrumento de localiza-ción hasta que tuve mi primer cambio. De hecho podía olerle detrás mía, como se acercaba por el pasillo, como penetraba en el interior del piso... todo mientras yo me giraba. Efectivamente, era Lamento-al-cielo.

Un Garou alto, esbelto, algo envejecido, de unos 50 años, con una mirada pétrea, que no mostraba odio, ni compasión, ni amor, ni ninguna pasión que yo pudiese imaginar... parecía una criatura vacía, sin emociones. Pero yo sabía que aquél punto de "sin emoción" no era más que una manifestación del control sobre su mente y cuerpo que poseía. Si él quisiese experimentar todas las emociones po-dría hacerlo. Si él quisiese podría volverse loco.

Le miré sin apartar la mirada de sus ojos, me costó hacerlo no obstante. Luego dio unos pasos hacia mi, con absurda confianza y elegancia. Se acerco hasta mi altura. Era algo más alto que yo -Alma-en-Pena. No esperaba tu visita. Hace mucho tiempo que no nos vemos ¿verdad?-, me rebasó y se sentó sobre una manta que había sobre el suelo, con velas blancas a sus lados. Yo me dirigí a la puerta para cerrarla, despacio... -La ciudad es un lugar peligroso, señor, debería cerrar la puerta de su casa al entrar-. Cuando me giré para volverle a ver, estaba observándome, con esa mirada sin sensaciones. Me acerqué a él, y me senté delante suya, sobre aquella cálida manta de tejidos mimbrosos.

LAMENTO: Una puerta no detiene los peligros, Alma-en-Pena. ¿Qué te ha traído hasta aquí?, tu rostro muestra tristeza, quizá agobio.

ALMA: Sí. Los últimos meses han sido duros, más incluso para mí.

LAMENTO: Lo sé. Sé que tu pecho descubierto lleva la marca de la vergüenza. ¿Es eso lo que te preocupa?

ALMA: Realmente no. Esta marca en realidad sólo etiqueta lo que muchos Garou ya pensaban de mi. Realmente no ha cambiado en nada mi forma de actuar. Aunque sí es cierto que algunas personas ahora actúan de forma diferente. Es curioso incluso como los Ancianos, parece que cada vez me respeten más. Quizá mi naturaleza crítica, en el fondo halla causado impresión en ellos...

LAMENTO: ¿Aires de grandeza, Alma?

ALMA: No. Aunque en un principió, en todos estos años en los que he sido Garou, pensaba que nunca llegaría a congeniar con los líderes de Vancouver, me doy cuenta que cada vez los respeto y comprendo más. Yo he cometido errores, sí, pero ellos también lo han hecho, y por fin, parece que lo reconocemos ambos.

LAMENTO: Es un camino duro el de los errores, sí. Todos nos estrellamos, pero aquellos que son capaces de mantener la voluntad, pueden levantar la cabeza, y remontar el vuelo, ahora más fuertes que antes, y con un obstáculo menos del que preocuparse. Los errores son como las enfermedades, una vez la has padecido y sobrevivido a ella, te haces inmune, y tu camino algo más fácil.

ALMA: Hablas de voluntad Lamento, pero yo he perdido esa chispa, la energía que me impulsa, que me hace vivir. Parece que todo lo que hago está mal. Por más que intento esforzarme, ahí alguien o algo que me pone la zancadilla. Y cada vez me enfurezco más. A veces tengo ganas de arrancarle las tripas a algún Garou presuntuoso, rendirme a la bestia, que ella elija...

LAMENTO: Ten cuidado. El Wyrm está reclamando algo que es suyo, tu rabia, y si te controla, no serás mejor que él. Y eso sería mucho peor que cualquier zancadilla.

ALMA: Lo sé. Por eso me reprimo, y sin embargo, no me siento mejor. De hecho, me he reprimido tanto que ya no sé lo que hacer. Cada día me cuesta más abrir los ojos. Mis antiguos valores están perdiendo sentido para mi. Tengo ganas de dejar este mundo, y que me lleve el Wyrm al olvido... después de todo es eso lo que hará, a pesar de todos mis esfuerzos. Soy un joven cansado, Lamento...

LAMENTO: Muchos de nosotros, la tribu de los Contemplaestrellas, sabemos que el final está cerca, sí, pero no pensamos en ello, simplemente actuamos con la sangre fría. Es la única forma de evitar la rabia o el Harano.

ALMA: Pero eso es ir contra las doctrinas básicas de los Contemplaestrellas: el pensamiento.

LAMENTO: Dime... ¿puedes pensar en el abismo... en el vacío... en la nada?, yo no, porque la Nada no tiene razón, no tiene pensamiento, no tiene espíritu. Eso es el Wyrm. Y ten cuidado, porque si tu mente se intenta introducir en el pensamiento del Wyrm, verás el vacío, y no lo comprenderás, y te volverás loco... eso es lo que le ocurrió a la tribu de los Aulladores Blancos... y así lo están pagando.\ »Escucha Alma-en-Pena, desgraciadamente en estos, los último días, no nos podemos parar a pensar en nuestras emociones y pasiones, en consecuencias o reprimendas sociales. Sólo podemos pensar en ideas abstractas, y en mundos deliciosos. Debemos mantener el equilibrio. Ese equilibrio que nos ha dado la pureza de nuestra tribu y que nadie más comparte. Obvia los adjetivos y las pajas de nuestro mundo, y comprenderás las cosas como son. Y no tendrás miedo. Porque sabrás lo que eres y donde estás. La sabiduría fortifica el espíritu. Y sólo la ignorancia produce inestabilidad en el espíritu.

Me levanto de la manta que había extendida sobre el suelo, en la que me mantuve mientras escuchaba las propuestas de Lamento-a-la-Luna. Realmente sus palabras parecían tener mucho sentido. Él una vez me relató como los Contemplaestrellas encontraron su equilibrio espiritual, y porque tienen esa fuerza. Cierto era que podía oír las voces de mis antepasados intentando darme lecciones. Pero era incapaz de escucharlas, porqué no las comprendía, porque escuchaba sólo las palabras coloridas y no lo esencial del mensaje... por eso estaba perdiendo la lucha. Y sólo por eso debía encontrar el equilibrio, que era la esencia de mi mismo y de todo lo que me rodeaba.

Me despedí rápidamente de Lamento, quién me correspondió. Bajé por las escaleras, escuchando el golpeteo de la lluvia sobre la fortificación de acero y cemento. Salí de ese lugar castigado por los años y la pobreza, emergiendo de aquél callejón sediento, bajo una cortina de agua que no cesaba de caer. Ahora comprendía porque Lamento eligió ese edificio mugriento para vivir, deshabitado incluso por las ratas. Sencillamente porque no le importaba. Porque no tenía miedo.

Porque aquél que no teme nada,
no tiene ningún oponente.

- Stuart Myfors, Alma-En-Pena, Ragabash Contemplaestrellas

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  • autor: Kether
  • enviado por: Kether
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